
De Caín...
The good doctor resembles Victor Frankestein before the creature was born. A happy ignorant. Ah, would I have become someone like him had I stayed in Asturias? I ran away, instead, to a country I wrongly suspected better than mine. This is where the creature found me, it killed my wife and my son, it sent me to prison for stabbing a young man, it raped and tortured me in jail, then it tried to re-educate me into an adulterated version of Victor… but I escaped, I had to escape… I came back to these loved shores I had once left in disgust. Now, I wait, I wait, I wait… When the creature finds me again, where will I be? What other innocents surrounding me will be devoured before it claims its real price?
[...]
He estado toda la vida rezando para que nada horrible le sucediera, ni a mi familia ni a mí. Que mi hijo no muriera joven, que nadie de las mujeres de mi familia fuese víctima de una violación, que la enfermedad grave de un deudo no me probarse un hombre débil y mísero; que no fuésemos víctimas de un asesinato y que no nos convirtiéramos, ni siquiera debido a un accidente automovilístico, en asesinos.
Toda la vida rezando para que fuesen otros los que viesen su vida destrozada o, cuando menos, estigmatizada, debido a esa causa. Otros, puesto que siempre va a haber asesinatos, violaciones, accidentes mortales, incestos, guerras..., pero nunca mi familia. Nunca yo.
Sí, otros, que la lotería del terror les toque a otros, no a nosotros. No fue la estampa de mi Mateo, mortalmente pálido, estrujado entre aquellos dos monstruos, con la navaja al cuello lo que me hizo pensar en que el Diablo nos utilizaba de diana aquel día, fueron las tres sillas que tuve que colocar en el centro del salón a instancias de Arguelles. El aire se volvió gelatina. Gelatina roja.
Toda la vida rezando para que fuesen otros los que viesen su vida destrozada o, cuando menos, estigmatizada, debido a esa causa. Otros, puesto que siempre va a haber asesinatos, violaciones, accidentes mortales, incestos, guerras..., pero nunca mi familia. Nunca yo.
Sí, otros, que la lotería del terror les toque a otros, no a nosotros. No fue la estampa de mi Mateo, mortalmente pálido, estrujado entre aquellos dos monstruos, con la navaja al cuello lo que me hizo pensar en que el Diablo nos utilizaba de diana aquel día, fueron las tres sillas que tuve que colocar en el centro del salón a instancias de Arguelles. El aire se volvió gelatina. Gelatina roja.
0 comments:
Post a Comment